Por Rafael Torres Arredondo,Gestor Cultural y Director Museo de Bellas Artes de Valparaíso


Si hay un nombre que deberíamos recordar más a menudo, es el de doña Juana Ross de Edwards, que no solo fue una mujer que rompió con los esquemas de su época, sino que supo adelantarse al pensamiento de su tiempo, que se dedicó a la filantropía, y puso los intereses del resto ante de los suyos, algo muy poco frecuente en este tiempo. Sus acciones y carácter, la transformaron en una figura relevante para la historia, y que sin duda, su gran legado lo dejó en Valparaíso. “Ella, la mujer más rica de Chile, vivió y murió pobre. Pobre en su vida que quiso santificar con el voto de la pobreza”, dice la investigadora Carmen Valle, al repasar la vida de esta insigne mujer, que tanto quiso a Valparaíso y tanto le dio, lo que hasta hoy se puede testimoniar, en las distintas obras y acciones que realizó.

Tras el terremoto que afectó a la zona en 1906, tuvo un rol protagónico a la hora de la reconstrucción de una ciudad que quedó devastada entre el desastre y los escombros. La historia narra que envío todo lo que tenía en sus fundos a los hospitales y asilos porteños, y fue una de las más activas figuras en la recuperación de la ciudad, tanto en lo físico, como en lo anímico y en lo espiritual.

Aunque es menester mencionar que sus obras no sólo se centraron en la restauración, sino que fue más allá en pensar en el bienestar de su prójimo. Levantó establecimientos educacionales para los más necesitados, fue precursora de la Población Obrera “La Unión”, del cerro Cordillera, hoy todo un modelo de vivienda social;  además de construir el Hospital San Agustín de Valparaíso, llamado años más tarde Hospital Enrique Deformes, el cual se convirtió en el primer servicio de pediatría en el puerto. La Gota de Leche, supo de su generosidad, como tantas otras instituciones de beneficencia, a las que doña Juana les entregó todo cuanto pudo.

Hoy día en su 189° natalicio, recordamos a esta mujer que con su gran corazón no sólo marcó huella en los habitantes de la región, sino que también lo hizo a lo largo del país e inclusive en el extranjero. Son personas como ellas, ejemplo a seguir, de las que no hay que olvidarse jamás. Su figura hasta hoy es poco reconocida, un busto en la avenida Argentina y una calle que lleva su nombre, son los testimonios de gratitud, para alguien que nunca buscó agradecimientos, otro gran ejemplo de esta mujer excepcional.

Desde 1988 la Municipalidad de Valparaíso, estableció el «Premio Juana Ross», para reconocer a aquellas personas que han aportado a la recuperación del patrimonio arquitectónico de la ciudad, materia de la cual ella se hizo cargo mucho antes que lo pusiéramos en valor. Esperamos que la memoria porteña siempre sea generosa con el recuerdo de doña Juana Ross de Edwards, noble y buena mujer de nuestro Valparaíso.