Foto: Gentileza Aref Cosma

Por Rafael Torres A. Gestor Cultura Director Museo Baburizza.

Hace unos días conversando con un amigo que vive en Córdoba, Argentina, me decía que a esa ciudad le llaman “la docta”, por cuanto es la ciudad universitaria por excelencia del país vecino. Me quedé pensando entonces en los nombres que reciben algunas ciudades, desde luego incluida la nuestra.

Por ejemplo a París se le conoce como la “ciudad luz”, porque siempre brilla, siempre está iluminada y porque la noche es eterna en ella; a Arequipa en el vecino Perú, se le conoce como “la blanca”, por el color característico de sus construcciones de gran belleza arquitectónica, que además es ciudad patrimonio de la humanidad; al multicultural Nueva York, se le denomina “la gran manzana”, no sé muy bien la razón, pero en este caso ni siquiera requiere una explicación, Nueva York es la capital del mundo y es una gran manzana porque no siendo tan grande de superficie, lo es de vida; a Roma se le llama “la ciudad eterna”, y las razones en este caso son muy claras, ha sobrevivido a imperios, reinados, guerras, etc., y sigue en pie con su cultura, su arte y su forma de vida tan especial.  Jerusalén es denominada “tierra santa”, nombre que se ha ganado por ser el lugar donde vivió y murió Jesús, y guarda entonces en ella muchos recuerdos del paso de él por la tierra, lo que es de un valor incalculable para todos los cristianos en el mundo.

Entre los ejemplos chilenos podemos señalar el de “ciudad jardín”, para la vecina Viña del Mar, nombre granjeado desde sus inicios, por cuanto siempre tuvo importantes áreas verdes y hermosos jardines, -un par de ejemplos de estos son la Quinta Vergara y la Quinta Rioja- desafortunadamente el paso del “progreso” se llevó algunos, aunque por suerte la  actual administración se ha preocupado de generar nuevo jardines. También vale señalar que hoy en día se la denomina “ciudad bella”, título que en realidad se merece a mi juicio;  de Iquique uno siempre ha oído eso de “tierra de campeones”, por ser cuna de grandes personajes deportivos; está también la “apapayada”  La Serena, denominación que debe a sus importante cultivos de la fruta y más digna es la denominación de “ciudad de las Iglesias”, consecuente con la gran cantidad de templos católicos de importante arquitectura con que cuenta la nortina ciudad; de nuestro Valparaíso se dice que es “la joya del pacífico”, que es también el título de un vals peruano que es prácticamente el himno oficial de la ciudad; también se lo llama “Pancho”, y se dice que este nombre tendría que ver con el templo de San Francisco, o como algunos quieren pensar, por su parecido con la ciudad del mismo nombre en Estados Unidos. Y por cierto que cuando se habla en Santiago de “el Puerto”, se está hablando de Valparaíso, sin importar que chile tenga varios otros puertos.

En definitiva, creo que las ciudades reciben denominaciones, producto principalmente del cariño y la admiración que le profesan sus habitantes y también desde luego por algunas características geográficas, arquitectónicas, culturales, que hacen que sus habitantes las consideren únicas y valiosas, pero en definitiva lo que me parece más importante es que tengamos especial sentir por el lugar donde habitamos y seamos responsables de su conservación y devenir.