Foto superior: Centro histórico ciudad de Córdoba.

Por: Soltar Cabos Comunicación

Llegamos nuestro hotel, en Córdoba, cuando es momento de vinos y tapas. Se trata de Azur Real, el primer y único hotel boutique de la ciudad, oculto entre antiguos edificios céntricos. Desde que dejamos las maletas en la habitación, nos sentimos regaloneados por un personal que sabe que los huéspedes están en busca de glamour y exclusividad. Diseñado en un estilo moderno y sobrio, tiene distintos ambientes y un salón principal con cuadros que se van renovando cada mes y medio.

Desde la terraza, ubicada en el segundo piso, observamos el mundo exterior. Las angostas calles y edificios de mediana altura son vecinos de un sector que se caracteriza por contar con varias iglesias jesuitas. Estamos en una zona donde se practica un turismo religioso de carácter fuerte, cosa que descubriremos al recorrer la Plaza San Martín, junto a su catedral y suelos adoquinados.

A cuadras, la Manzana Jesuítica vale la pena, punto donde se edificó el Templo de la Compañía de Jesús, el más antiguo de Córdoba y lugar sagrado para la orden que llegó aquí posterior a 1599. Junto a ello, el Colegio Nacional de Montserrat, la Universidad Nacional de Córdoba y la Capilla Doméstica.

Alta Gracia, hogar del Che

Por la mañana, enfilamos rumbo a Alta Gracia, lugar que, por sus paisajes, genera en el viajero una sensación distinta a la ciudad. Un regalo al paladar del que gusta de aire puro y tranquilidad. Rodeado de verdes árboles y pequeñas calles, aquí vivió parte de su infancia -de los cuatro a los 16 años- Ernesto Guevara, el Che, pues su clima benigno ayudó al revolucionario a cuidarse del asma que lo afectaba desde pequeño. En las paredes de su casa museo cuelgan retratos e historia, junto a otros hitos de su vida, tales como la motocicleta en la que recorrió América Latina.

Estancia jesuita de Alta Gracia.

Estancia jesuita de Alta Gracia.

En seguida, un fugaz paseo nos guía hasta Tajamar de Alta Gracia, junto a la Estancia Jesuítica, declarado Patrimonio de la Humanidad y sitio arquitectónico más antiguo que se conserva en la provincia. Con sus muros de piedra y ladrillo, fue refugio de jesuitas en tiempos del virreinato de Perú, momentos en que los religiosos se dedicaban a labores de evangelio y educación y los esclavos traídos desde África trabajaban en rancherías.

Para los nostálgicos de la música, es interesante conocer el Chalet Los Espinillos, una casa museo donde vivió el compositor español Manuel de Falla. Podrá conocer más sobre la vida del creador de Amor Brujo y El Sombrero de Tres Picos.

De vuelta en Córdoba, la cena es en un exclusivo sitio: Casa Galán, restaurante a puertas cerradas -concepto iniciado en Europa- que ofrece un menú de seis pasos. Está a pasos del centro, pero basta entrar parar olvidarse del entorno, la sensación es la de estar en casa, pero sumamente bien atendido y en un ambiente de mucho confort y calidez. El chef Lucas Galán explica el principio: «Usted vendrá a comer al hogar del cocinero».

Ideal para parejas y para quienes quieran compartir un vino en un lugar con tintes románticos. Con un menú que cambia dos veces al mes, destaca la entrada de pejerrey ahumado y yacaré confitado con humus y el roll de cabrito con salsa de naranja, de plato principal.

Turismo ecuestre

Cercana al sector de Altas Cumbres y enclavada en los pies de un paisaje montañoso y campestre, nos recibe la hacienda Haras Ampascachi, de arquitectura colonial y pasado jesuítico. Llegamos tras dos horas y media de viaje por la Ruta 34, que ofrece espectaculares vistas a más de 2.000 metros de altura de la Pampa de Achala y valles colindantes.

Es mediodía y los cielos despejados tejen un clima cálido y un ambiente de paz. Carina Jiménez, dueña de la antigua casona, nos enseña habitaciones, cocina y comedor.

Su fachada blanca es testigo de 200 años de historia. Y hoy, se define como un destino turístico de alta gama gracias al confort que ofrece, pero además porque sus ocho trabajadores han sido dedicados criadores de Caballos Peruanos de Paso -considerados como «la mejor silla del mundo» debido a su suave galope-, utilizados para realizar cabalgatas de travesías de algunas horas o incluso días, de acuerdo con las necesidades del cliente. Con un total de 55 equinos, esta actividad ha sido pilar en la presentación de Ampascachi como producto turístico, imagen que se ha transmitido a través del boca a boca.

Hacienda Haras Ampascachi, de arquitectura colonial, en el sector de Altas Cumbres.

Hacienda Haras Ampascachi, de arquitectura colonial, en el sector de Altas Cumbres.

La estancia tiene 11 habitaciones, cada una bautizada con el nombre de uno de los caballos, dándole así un mayor toque de personalidad a sus amplios interiores decorados con muebles antiguos y detalles rústicos.

«Es mi paraíso y he querido compartirlo con los huéspedes», asegura Carina, quien insiste en afirmar que Ampascachi no es un hotel, sino una hacienda en donde el viajero será atendido de manera personalizada. Más aún durante la cena, donde se sirven platos gourmet de la región y se cuenta con panadería propia.

Son 12 las travesías que se ofrecen y que están a cargo de un guía experto. Cuando éstas duran dos o más días, se disponen puestos de montaña para pasar la noche y algunos «picaditos» y asados dependiendo del tour.

Los paseos más frecuentes son al Río de Los Sauces (media jornada), al Pozo de Algarrobo (jornada completa) y cabalgata de Altas Cumbres (varias noches), como también a Champaqui, uno de los cerros más altos.