Por: Soltar Cabos Comunicación

El idílico balneario de Matanzas nos recibe un día soleado de septiembre. Nos bajamos del bus en plena avenida principal de este pequeño pueblo de la VI Región, momentos en que la playa es castigada por un intenso oleaje y fuertes vientos. Nos dirigimos al hotel Olas de Matanzas (OMZ), un resort al que no tardamos más de 5 minutos en llegar hasta su recepción, donde nos recibe su gerente, Raimundo Alcalde

Matanzas no parece ser -a nuestro juicio- un destino muy concurrido, lo que le otorga aún un grado de tranquilidad que se nos hace exquisita. Dan ganas de quedarse, desde el principio. La playa, a la que accedemos por Paseo de la Caleta, una costanera corta pero pintoresca y renovada, es lo primero que nos enamora. Desde allí, vemos los primeros matices del mar y de sus arenas grisáceas, justo a los pies del hotel OMZ y de las laderas boscosas. En ese sitio, la presencia humana es escasa, y sólo se aventuran en el agua un puñado de aficionados al windsurf. Descubrimos que hoy no se practica surf, debido a las ventiscas.

La playa que descubrimos al sur de Matanzas.

La playa que descubrimos al sur de Matanzas.

 

Perteneciente a la comuna de Navidad y no muy lejos de la desembocadura del río Rapel, Matanzas goza de un clima y un paisaje perfecto para desconectarse de la ciudad, y para conectarse con el descanso y algunas actividades outdoors que incluyen cabalgatas, surf, windsurf, caminatas por la playa, tenis y ciclismo. Nosotros optamos por caminar. En nuestra ruta hallamos dunas hacia el costado sur del pueblo. Nos sacamos los zapatos, y descalzos subimos los cerros de arena mientras el viento se hacía más y más intenso. Desde arriba, nos impresionamos con la potencia del oleaje, de ese mar que no para de reventar en los roqueríos con una fuerza descontrolada. Desde allí, también vimos la playa adyacente, virgen y desolada. Nostálgica también. Tan sólo algunas casas en las alturas de un acantilado tienen ahí el privilegio de observar aquella franja de arena ancha y extensa, y un mar que prohíbe el baño.

Al volver rumbo a Matanzas, no sin antes tomar un sinfín de fotografías, nos pasamos hacia los cerros, donde nos llamó la atención un bosque de pinos que daba una sombra intensa y helada. Desde lo alto pudimos seguir disfrutando de las vistas del pueblo, y de los winsurfistas que se hacían notar cada vez más.

Vistas de Matanzas desde los cerros.

Vistas de Matanzas desde los cerros.

 

El pueblo es pequeño. Sólo tiene una calle que va paralela al mar. Aquí encontramos un par de tiendas para comprar víveres, casas, y algunos lugares de alojamiento, donde destacan el hotel Surazo y el hostal Roca Cuadrada. En este lugar, sólo vemos algunos niños residentes que disfrutan la tarde arriba de tablas de skate.

De regreso a OMZ

Al caer la tarde volvimos a nuestro lugar de alojamiento. El complejo turístico cuenta con habitaciones de hotel con vista al mar (10 en total), y con ocho cabañas que también tienen el océano de frente y entremedio de la verde vegetación. Su arquitectura es absolutamente compatible con el entorno, y cada una de ellas cuenta con una tinaja de agua caliente, un balcón con sillas para tomar sol, un fogón rústico y áreas para preparar un asado. Una delicia. Los Lobos, Los Pelícanos, Las Gaviotas, son sólo algunos de los nombres de las cabañas.

Una de las cabañas del complejo OMZ con vista al mar.

Una de las cabañas del complejo OMZ con vista al mar.

 

Para los más aventureros, Olas de Matanzas cuenta con uno de los sitios de camping disponibles en este balneario, equipado con quincho, agua potable y fogones en medio de un bosque de pinos.

Al anochecer nos fuimos a cenar al restaurante de OMZ, Marvento. Destaca por su especialidad en platos de pescados y mariscos, además de pastas italianas. Nosotros optamos por congrio frito, machas a la parmesana, y un delicioso postre de chocolate. Buscábamos la identidad chilena que nos ofrece el lugar.

El hotel OMZ que nos recibió.

El hotel OMZ que nos recibió.

 

Para quienes vengan durante los fines de semana, Olas de Matanzas organiza cabalgatas con guía por bosques de pino, campos y playas al sur de Matanzas. Adicionalmente, se hacen clases de surf, donde es casi obligatorio acceder a las playas de Roca Cuadrada y de Matanzas, que poseen las mejores olas. Para los amantes del viento, se arrienda equipo de windsurf, pues éste es uno de los mejores lugares del mundo para practicarlo. También, el sitio cuenta con cancha de tenis y una granja de animales, ideal para los niños.

Ya sea que se quiera venir en familia o en pareja, Matanzas es un destino soñado y de escape para fin de semana. Lo descubrimos nosotros, un día soleado de septiembre.

Las dunas de Matanzas se disfrutan más a pies descalzos.

Las dunas de Matanzas se disfrutan más a pies descalzos.