Por Rafael Torres A.
Gestor Cultural
Director Museo Baburizza.

 

 

 

 

 

 

Estamos celebrando por vigésimo año consecutivo el “Día Nacional del Patrimonio Cultural”, iniciativa creada bajo la administración del ex presidente Frei, que tiene por finalidad poner en valor el patrimonio tangible e intangible que conforman la identidad nacional. Sin duda se trata de una de las iniciativas más importante  en materia de rescate de la memoria y la identidad del país, ya que durante esta jornada que se desarrolla el último domingo del mes de mayo, se abren al público cientos de edificios, que conforman el patrimonio inmueble, ya sea edificaciones dedicadas al quehacer cultural y artístico, o bien, reparticiones públicas y/o privadas de alto valor patrimonial y arquitectónico, que la mayor parte del año, no son de visita pública, lo cual lo convierte en especiales atracciones para visitar ese día patrimonial. Nuestra región en general cuenta con una amplia e interesante gama de recintos patrimoniales bien mantenidos la mayoría, que ameritan visitarse.

Pero hoy quisiera hacer hincapié, en el otro patrimonio, el intangible, ese que no es fácil “visitar”, aquel que “estando”, no está, o no se ve a simple vista, por ejemplo los mercados y las ferias, centros de comercio, de antiguo origen y de permanente uso por el público, ahí no sólo podemos encontrar frutas y verduras, sino que también podemos encontrar el “ingenio del chileno”, la gracia del “piropero”, el valor intrínseco de la relación caserito-comprador, en fin, una sumatoria de acciones que se mantienen en el tiempo y que marcan una identidad, en suma, Patrimonio.

Otro tema a destacar, está en el patrimonio intangible de los oficios tradicionales, algodonero, lustrabotas, afilador de cuchillos, chinchinero, organillero, vendedor de manzanas confitadas, vendedor de globos, el motemei, etc.,  todos parte importante de la memoria de cualquier persona que alguna vez fue a una plaza, o a un circo (como los de antes), llenos de estos personajes, que ya casi no existen y que tanta alegría produce verlos manteniendo un oficio en franca retirada, muchas veces llenos de dificultades, pero con el orgullo de ser parte del Patrimonio nacional. Las plazas y los parques, como centros de reunión y distracción, son otra parte del patrimonio que hemos desvalorizado, y peor aún lo hemos reemplazado por el centro comercial. Nada se asemeja a jugar en la plaza, a correr entre árboles, subirse a los columpios, al tobogán, al resbalín, pasar una tarde en una plaza, o en un parque, es una experiencia que queda para siempre en la memoria y así se convierte en Patrimonio.

Valoro como nadie el “Día del Patrimonio”, me alegra enormemente ver a miles de personas haciendo ordenadas filas para conocer palacios, edificios y teatros, pero mucho me gustaría también que esas miles de personas disfrutarán del sonido del organillo de don Claudio Cortés, en el paseo Gervasoni; que comieran una manzana confitada, o un algodón dulce en la plaza Victoria; que compren globos a la entrada del Museo Artequín; en fin, que disfruten del patrimonio tangible, pero también y mucho, del intangible, ese que también es Nuestro Patrimonio.