• Al conmemorarse el centenario de la “Revolución de Octubre” y a más de 25 años de la desintegración de la Unión Soviética, la actual Federación de Rusia se vincula en de manera esencial con su antecesora en un aspecto puntual: el trabajo constante en pos del progreso, pero sin autobombo, algo tradicional en la “manera de hacer” rusa. A la vez y al alero de las decisiones provocadoras del presidente Vladimir Putin, el país recupera su relevancia en la política mundial.

Por Francisco Ramírez, periodista, socio de APTUR

Durante el siglo XX el ascenso de la URSS a superpotencia mundial fue un fenómeno por todos conocido, pero cuya “explicación” tuvo mucho de enigmático. Por cierto, la férrea mano de Stalin desempeñó un rol protagónico, al igual que la creencia del pueblo de que el trabajo mancomunado les llevaría al desarrollo nacional.

Todo eso es parte de la Historia. Libros sobre el tema los hay en cantidad más que suficiente.

Al pensar la Rusia del siglo XXI resulta pertinente recordar tal transformación, pues es un antecedente directo sin el que no podría concebirse el presente de esta nación. El ascenso de la URSS se fue registrando meticulosamente, enmarcado en un sistema que aparecía ante el mundo como hermético. Destacadísimas publicaciones occidentales llevaron como tema de portada reportajes fotográficos de profesionales enviados a captar la esencia de la URSS, aunque, obviamente, se llevaban a casa imágenes insólitas, curiosas, que encendieran la imaginación de los lectores sobre aquel territorio inaccesible. Mientras tanto, el país acrecentaba su poder, teniendo como actores principales a los rusos, pueblo bastante recatado a la hora de ufanarse de sus éxitos, los que no relativizan si no que optan por alejarse de fanfarrias y autobombos. Así, respecto a determinadas materias suelen decir que merecen estar en los primeros lugares, por lo que todo triunfo se enmarca en una seguidilla de hechos normales y perfectamente lógicos. A nadie sorprende, por ejemplo, que Rusia siempre esté entre las naciones líderes en cuanto a medallas en los Juegos Olímpicos de invierno; lo contrario sería justamente lo que rompería el esquema.

Hablamos entonces de carácter. Una configuración interna que debe haber jugado un papel esencial en el engrandecimiento soviético. Tal talante decidido a afrontar duras pruebas con tal de conseguir su objetivo debió de generar resquemores en Occidente. ¿Cómo podía entenderse que en pocas décadas una nación que sustentaba un régimen político “comunitario” se hubiese levantado con tal brío al punto de representar una “amenaza real” frente a cualquier potencia mundial?

El punto cúlmine de como este poderío se hizo patente a nivel global fue probablemente la “Crisis de los Misiles” de 1962. Un terror generalizado recorrió el orbe: la URSS y Estados Unidos estuvieron a centímetros de protagonizar una guerra nuclear de insospechado alcance, teniendo a Cuba como elemento central del conflicto, algo que, más allá de cualquier enfrentamiento militar, aparecía claramente como una toma de posiciones respecto a dos sistemas en total antítesis: comunismo y capitalismo. Fue en aquellos momentos de tensión extrema que el mundo pudo constatar cómo este país de gente circunspecta ya no era sólo una nación pujante, sino que -a pocas décadas de la Revolución de Octubre- era un “riesgo” muy concreto. ¿Cómo un país pudo cambiar de manera tan acelerada y progresar tanto en tan poco tiempo?

A LA MANERA RUSA

Entretanto, el acertijo sobre “que” era la Unión Soviética, más allá de lo mediático y anecdótico, seguía en pie. La impenetrabilidad misma del alfabeto cirílico aportaba con lo suyo para seguir manteniendo el ideario ruso como algo impenetrable. Para entrever hasta qué grado llegaba el desconocimiento sobre la Unión Soviética, resulta muy significativo el título de una crónica del joven reportero colombiano Gabriel García Márquez, quien en 1957 visitaba el país, por entonces bajo el liderazgo de Nikita Jrushchov. “La URSS: 22.400.000 kilómetros cuadrados sin un solo aviso de Coca-Cola”. Aparte de esta genialidad periodística, Gabo motejó a la URSS como «la aldea más grande del mundo».

¿Qué tiene todo esto que ver con la Rusia del siglo XXI? A primera vista, pareciera que nada, pues este país se ha ido alejando rápidamente de su pasado soviético. Sin embargo, hay una vinculación muy directa, pero oculta bajo la superficie: se trata del “cómo hacer” las cosas.

Autos frente a local de Mc Donalds

Ciertamente, los tiempos han cambiado. Ya no existe una imposibilidad de acceder a información sobre esta nación. La telaraña global de las tres W es abundante en esta materia –cómo, por cierto, en cualquiera otra-. A ello hay que añadir lo proporcionado por diversos medios estatales rusos, los que –en un esfuerzo digno del mayor encomio- están difundiendo respecto a la contingencia local, junto a análisis y predicciones que serían impensables décadas atrás en numerosos idiomas, incluido el español. Finalmente, está el   contenido multimedia de turistas, junto al subido por los rusos a las redes sociales. En pocas palabras: el viejo “misterio” sobre que es Rusia hoy no tiene ningún sustento.

Es aquí donde es posible establecer el vínculo entre ambas eras: en un ensimismamiento semejante al de la era soviética, los rusos de hoy están avanzando en diversas esferas del pensamiento y la acción a pasos agigantados… igualmente como ayer indiferentes a la opinión del mundo occidental. El fenómeno del ayer se repite, incluso a mayor nivel. Pareciera que lograr una valoración positiva por parte de Occidente no sólo les produjera desdén, si no que es como si “no existiera”. Los cambios se están registrando a tal velocidad que cualquier evaluación no tiene siquiera razón de ser. Están actuando “ a su manera”, como suelen hacerlo.

UNA “GUERRA” QUE ESTÁ LEJOS DE ENFRIARSE

Gran parte de esta actitud se sustenta en el liderazgo fuerte de Vladimir Putin, quien ha brindado a la población autoconfianza y un sentido de “destino común” que no había funcionado de manera tan coherente desde hace muchos años. La “anexión de Crimea” y las posteriores “sanciones” occidentales calaron hondo en la economía rusa, inserta en una globalización en la que medidas de ese tipo pesan mucho. Pero Rusia siguió adelante, pese a la oposición directa y sin doble lectura de la casi totalidad de las potencias internacionales. La batalla fue Rusia v/s el mundo. Pese a lo desmedido de las fuerzas en antagonismo, la economía rusa se recupera a paso firme. Tal tipo de victoria se infiltrando en el ánimo nacional, el que sale, a todas luces, robustecido. “Los rusos están hechos de otra madera. No son como nosotros… Saben resistir las crisis y si tienen que ajustarse el cinturón lo hacen. Están, de algún modo, acostumbrados a las crisis y saben que, tarde o temprano, terminan. Otra cosa: no se quejan, como solemos hacer nosotros. Saben que es inútil quejarse, pues eso no arregla nada”, me comentó, desde Moscú vía Skipe, un compatriota que llegó al país en los años 70`s, por lo que ha pasado más de la mitad de su vida en lo que fue la URSS; hoy, Federación de Rusia.

Paseo Nuevo Arbat.

Las relaciones políticas y diplomáticas con Estados Unidos no están precisamente en su mejor momento. Ello se debe ante todo por lo que la prensa llamó tan “ingeniosamente” el “Rusiagate”. En todo caso, hoy no se vislumbra para nada la misma animadversión que se registró en los puntos más álgidos de la Guerra Fría. Putin incluso hace bromas sobre este asunto, lejos de la histeria que se registró en ciertos momentos del siglo XX. Tal vez esto se deba a que EE.UU. ya no representa una “amenaza real” para los rusos, como sí sucedía en el pasado. En paralelo, China se va perfilando como la próxima primera economía mundial, lo que terminará de dar el golpe de gracia a un Estados Unidos que está muy lejos de ser la nación señera que algún día fue. Es en ese contexto que las chanzas de Putin pueden interpretarse en su real dimensión: no patea al enemigo caído; solo se “mofa” de él.

Este “muro invisible” que se asemeja mucho al muro real establecido por los soviéticos es el que mantiene a Rusia actuando hoy según sus propios códigos. Probablemente, sea una de las claves para definir a esta nación y avizorar como actuará en las próximas décadas.

En cuanto a estas notas, puede que se acerquen a una especie de clave que sea un aporte real a este análisis. O, igualmente, es posible que no sirvan de mucho ni permitan predecir absolutamente nada, pues “con Rusia nunca se sabe”.

Más fotos de Rusia en la siguiente galería:


Sobre el autor:

Francisco Ramírez, socio de APTUR y periodista chileno, quien vivió durante tres años en Rusia, escribió el libro “Apuntes de un chileno en Rusia”, que se puede descargar desde el siguiente link:

http://www.bpdigital.cl/opac/?id=00030713#fichaResultados

También sostuvo hace unas semanas una conversación/entrevista en radio Cooperativa con Cecilia Rovaretti y con contacto desde Moscú con Aldo Schiapacasse, con recomendaciones para “sobrevivir” en Rusia, que se puede escuchar en este link:

https://www.cooperativa.cl/…/las-rec…/2017-06-08/131117.html