Por Rafael Torres A. Gestor Cultura Director Museo Baburizza.

Hace ya bastante tiempo que el turismo ha dejado de verse y entenderse como una actividad propiamente asociada a una condición climática y/o geográfica de un lugar o territorio, para pasar a ser una actividad dependiente de una serie de factores, tales como los mencionados al inicio de esta nota, pero también una serie de otros temas como los negocios, las reuniones, la industria vitivinícola, los festivales, el patrimonio, en suma, el denominado turismo de intereses específicos.

Lo anterior ha permitido que muchos destinos hayan podido acrecentar exponencialmente la cantidad de público y la diversidad de este, que los prefiere para conocerlos y disfrutarlos, o bien participar de alguna actividad de su interés puntual.

En esta apertura de nuestros destinos, hoy más que nunca cobra fuerza la importancia de la “inclusividad”, dado que cada vez con más énfasis, las personas que viven algún grado de diversidad funcional o capacidades especiales, sienten y con legítimo derecho, que pueden y deben ser parte de esta oferta de turismo.

El desafío acá se plantea para las ciudades primero y los organismos seguidamente, de generar las condiciones y las herramientas oportunas, para que todas las personas puedan disfrutar de la experiencia turística en cualquier territorio.

No basta a mi juicio con puertas más anchas, deben ser las mismas puertas para todos, que den la oportunidad sin distinción para que la podamos traspasar. Si bien es cierto hay sin duda elementos de construcción y urbanismo necesarios de instalar, pero es fundamental que sea la disposición y la mentalidad colectiva, las que cambien favorablemente a la idea que todos y todas tenemos los mismos derechos.

Hoy es muy fácil generar acceso a través de plataformas digitales, aplicaciones web, sistemas de interpretación, pero nada de ello va a funcionar bien si no hay una disposición de parte de la comunidad. Es por lo anterior que resulta fundamental el proceso formativo y educativo en materia de inclusión, especialmente desde los niños y niñas de primera infancia, quienes son sin duda la esperanza de una mejor comunidad futura.

La sociedad moderna reclama una disposición favorable con todo aquel por distintas razones tiene menos posibilidades, o poder desarrollarse le exige un mayor esfuerzo, pero también se considera una obligación moral ser acogedor que con aquel que puede ser parte de las denominadas minorías, sean estas sociales o raciales,  por definir algunas.

El turismo es una actividad blanda, alegre, sana, por lo mismo debe ser acogedor, inclusivo, diverso, esto es el desafío próximo y al que todos nos debemos sumar.