Por Marisol Ortiz, Asesora Editorial, revista Casa ETC, Diario El Mercurio de Valparaíso

Casi al final de nuestra larga y angosta faja de tierra, en la Isla Grande de Tierra del Fuego, se encuentra un parque muy peculiar en donde habita el “Pingüino Rey”, el segundo más grande de las 18 especies que existen en el mundo. El nombre del lugar no le hace justicia alguna: “Bahía Inútil”, calificativo elegido en 1827 por el capitán Phillip Parker King, quien comprobó que la bahía no ofrecía posibilidad “ni de anclaje ni de refugio, ni cualquier otra ventaja para el navegante”. Paradójicamente hoy la ofrece para este grupo de pingüinos que se ha asentado en el lugar.

Cuál ‘toma’ de propiedad privada, 90 de estas aves llegaron a poblar ese territorio y decidieron permanecer. Esto hizo que la familia magallánica propietaria del lugar resolviera protegerlos. Comenzaron un largo camino de investigación, aprendizaje y educación integrando poco a poco a biólogos, arqueólogos, médicos veterinarios y personas vinculadas al turismo sustentable.  Así nace el “Parque Pingüino Rey”, convirtiendo a Chile en uno de los cuatro lugares del mundo donde esta especie ha venido a anidar.

Visitarlo es toda una experiencia. Desde la ciudad de Punta Arenas se toma un ferry hasta Porvenir. El trayecto dura aproximadamente dos horas, y en el intertanto  podemos tomar una rica taza de té en el interior de la nave o salir hacia la cubierta a disfrutar del frío aire austral, la vista interminable del Estrecho de Magallanes, y si hay suerte tal vez unas “Toninas”, nos acompañen en la travesía con sus juguetones saltos al costado de la embarcación.

El viaje hacia Bahía Inútil se realiza en auto o en bus, y en el camino nos maravillaremos con la vista de guanacos pastando, algunos flamencos rosados de caminar elegante en pequeñas lagunas, y la árida pampa patagónica. El paisaje no nos dejará indiferente. Es una nostálgica mezcla de soledad y fuerza.

Al llegar al Parque una guía especializada indicará las normas. La preocupación nunca es poca cuando se desea conservar y cuidar el patrimonio natural del entorno donde la vegetación se demora años en crecer, y los ruidos y gritos perturban la tranquilidad de pingüinos, zorros y otras aves del lugar. Nos pedirán silencio, algo así como estar a tono con el lugar, y si aguzamos nuestros sentidos podremos escuchar el aire acariciando la tundra fueguina. El viento es permanente, y las orejas se hielan así que un buen gorro es un ‘must’ porque vamos a caminar por un sendero hacia donde está la colonia del Pingüinos Rey.

Como los colores de la ropa y el movimiento de los visitantes los altera, se ha dispuesto de una estructura de madera que divide las zonas permitiendo una observación a distancia.¡Les aseguro que será un deleite observar a esas familias con sus retoños, y más de alguno nos sacará una sonrisa con su andar estilo ‘Charles Chaplin’!.